Trayectoria
La estrategia no se aprende en los libros. Se forja día a día.

Mi perfil profesional siempre ha sido difícil de clasificar para el mundo corporativo tradicional. He sido creativo, productor, fundador de agencias, creador de movimientos culturales y hoy, arquitecto de ecosistemas de inteligencia artificial. Nunca elegí un camino lineal porque los problemas de negocio complejos no se resuelven con miradas lineales. Toda mi carrera ha estado impulsada por una sola obsesión: entender cómo la tecnología y la narrativa pueden conectarse para amplificar lo que nos hace profundamente humanos.
Cicatrices y lecciones de negocio.
El primer choque con la realidad.
Mi carrera no empezó en una junta directiva; empezó ensuciándome las manos. Aprendí a estructurar ideas desde el diseño y la dirección creativa, entendiendo temprano que la herramienta tecnológica más sofisticada no sirve de nada si no logra conectar emocionalmente con la persona que está al otro lado de la pantalla. Esa fue mi primera escuela de empatía.
14 años entendiendo el flujo de caja.
En 2007 co-fundé Netbangers. Pasé más de una década estructurando ecosistemas digitales para corporaciones enormes en Colombia y la región. Ahí fue donde la teoría se estrelló contra la rentabilidad. Aprendí a gestionar equipos de alto rendimiento, a ganar premios internacionales (Effies), pero sobre todo, aprendí por qué los CEOs pierden el sueño. Entendí que el marketing sin impacto financiero es solo decoración.
Construir fuera de las pantallas.
Como estratega, necesitaba probar que podía movilizar personas en el mundo físico. En 2018 creé el Custom Built Show, un movimiento alrededor de las motocicletas modificadas que escaló hasta reunir a más de 200 constructores en toda Latinoamérica y se convirtió en mi primer libro de tapa dura. Fue la validación de que la excelencia estética y la autenticidad son el imán más poderoso para crear comunidad.
El presente asimétrico.
Cuando la IA generativa explotó, el mercado se llenó de gurús prometiendo la automatización de todo. Mi respuesta fue diametralmente opuesta: la IA no debe reemplazar a las personas, debe elevarlas. Esa convicción me llevó a liderar el capítulo LATAM de The AI Collective y a co-fundar Navigamo, para construir la infraestructura que las empresas necesitan si quieren adoptar esta tecnología sin perder la soberanía de sus datos ni el alma de sus equipos.